El fotógrafo de la ciudad

Héctor García (1923 – 2012) atrapó el instante para convertirlo en algo perpetuo. Detrás de cada fotografía encontró una historia que fue más allá del fotoreportaje al transformarla en una obra que lo terminó colocando entre los artistas visuales más importantes de su época. Su incansable vaivén e indudable calidad lo llevaron a ser catalogado por el escritor Carlos Monsiváis como el  fotógrafo de la ciudad de la segunda mitad del siglo XX.

A lo largo de su trayectoria se hizo acreedor en tres ocasiones al Premio Nacional de Periodismo (1958), (1968) y (1979) y del Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2002 hasta ingresar a la Academia de Artes en 2005.

Originario de La Candelaria de los Patos, el maestro supo desde temprana edad abrirse camino en un medio adverso, desempeñó diversos oficios: vendedor de periódicos, chicles, bolero y cargador de canastas. La hiperactividad lo condenó en más de una ocasión a permanecer amarrado de la pata de una cama. “Su madre, lo tenía que sujetar, porque de lo contrario se le escapaba”, refiere Norma Inés Rivera, autora del libro “Pata de Perro, biografía de Héctor García”.

Durante su niñez pasó un tiempo en la correccional de menores, acusado de un delito menor. En aquel lugar forjó el carácter y la disciplina que lo acompañarían toda su vida. “De haber permanecido en la Candelaria seguramente no habría alcanzado sus sueños, por ese ambiente tan difícil y cruel que predominaba. Ahí conoció a gente que lo ayudó, comenzó a interesarse por el mundo de la cultura e incluso aprendió oficios, señala Norma Inés Rivera.

Al cumplir la mayoría de edad, Héctor García salió del centro correccional para comenzar su bachillerato en el Instituto Politécnico Nacional. Sin embargo, poco después, decidió abandonar sus estudios e irse en plena Segunda Guerra Mundial a los Estados Unidos formando parte del Programa Bracero que daba empleo temporal a mexicanos al otro lado de la frontera. Trabajó como pintor, cocinero y en las tareas de mantenimiento de las vías del ferrocarril.

Héctor García

“Los fines de semana que tenía libres tomaba clases de foto en Nueva York. De regreso a México siguió preparándose al ingresar a la Academia de Cine y Fotografía. Era un estudioso de la imagen. Su biblioteca es inmensa en temas relacionados con la fotografía”, narra su biógrafa.

María SánchezCastañeda, fotógrafa y compañera de vida de Héctor García, cuenta: “La obra de Héctor, es un retrato de la sociedad y su evolución. Recorrió gran parte del país, nada le fue ajeno. Fotografió lo urbano, la vida en el campo, el paisaje, las carreteras, montañas, playas, los sitios arqueológicos, monumentos y edificaciones. Desde que aprendió a usar la cámara, jamás la volvió a soltar. Para él, la fotografía era su vida, su todo. No había nada más importante que mostrar a través de la lente lo que veía”.

El maestro siempre trabajó como freelance en medios nacionales y extranjeros e hizo todo lo que estuviera a su alcance para que sus fotos fueran publicadas a pesar de la censura. Entre las aportaciones al gremio fue la de lograr que las imágenes  tomadas por los fotógrafos llevaran el crédito correspondiente.

Para Cecilia Santacruz, coordinadora del Salón de la Plástica Mexicana, Héctor García, fue el fotógrafo más emblemático de la Ciudad de México. “Documentó la huelga de ferrocarrileros en 1958 y el movimiento estudiantil de 1968; capturó con su cámara a los artistas más destacados del cine en nuestro país. También a escritores, muralistas, calles, monumentos, vendedores, niños, teatros, cines y las más variadas estampas. Detrás de cada imagen existe una postura ideológica y contexto; retrataba situaciones que tal vez para nosotros pasan desapercibidas. No todos son artistas visuales, él tenía la capacidad de plantear situaciones de carácter político, social y hasta lúdico”.

 

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