La humanidad hoy

Roberto Roque, el sueño por ser artista

Roberto Roque siempre soñó con ser pintor, un destino inevitable para quien desde la infancia manejó con sobrada habilidad el lápiz y pincel. Pronto supo que el arte sería su mundo, su refugio y, paradójicamente, el camino hacia la libertad.

A pesar de la oposición familiar se empeñó en defender su sueño, por lo que al concluir el bachillerato decidió estudiar pintura y pagar sus estudios por cuenta propia. Ingresó a la academia de Salvador Bribiesca, donde aprendió todo lo relacionado con la composición, la profundidad y uso de la luz dentro las artes plásticas.

A los 23 años viajó a tierras europeas. En la embajada de México en Francia conoció al muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros, quien lo apoyó con dinero y algunos contactos en el Viejo Continente. A su regreso a nuestro país tuvo la oportunidad de mostrarle su obra a través de fotografías y de que el célebre artista le diera algunos consejos relacionados con su quehacer pictórico.

En México, Roberto Roque, inició una de sus aventuras más enriquecedoras como profesor de pintura del Hospital Psiquiátrico Floresta, las clases de arte eran parte del tratamiento terapéutico que los pacientes recibían. Años más tarde repitió la experiencia, en un nosocomio de Verona, Italia.

En 1973, gracias a una beca que le otorgó Conacyt, Roberto Roque viajó a Italia. Un año después realizó su primera exposición en laGalería Línea 70en Florencia. El éxito fue tal que un promotor de arte lo llevó a Milán y a la extinta Unión Soviética.

La obra del artista se caracterizó, en sus inicios, por ser de carácter social, inspirada en la protesta civil contra la violencia, la opresión y la injusticia. Por aquella época, el pintor mantuvo una estrecha relación con el Partido Comunista Italiano e incluso elaboró algunos trabajos para dicha organización.

 

La orientación política de Roberto Roque quedó plasmada en las carpetas: Homenaje a Siqueiros, tras el fallecimiento del muralista y la que dedicó al músico, Víctor Jara, durante el golpe militar en Chile.

Para 1976, aún en Italia, tuvo la idea de pintar sobre rocas, el proceso fue lento y terminó de madurar después de una serie de visitas a las zonas arqueológicas de nuestro país: “me llamó mucho la atención el trabajo artístico en piedra de los indígenas, no sólo se conformaban con esculpir, sino que todo lo pintaban”. 

El maestro comenzó a plasmar sus obras sobre rocas de pequeño y mediano formato dando origen a la corriente denominada Roquismo.

A su regreso a México, a fines de la década de los setenta, prosiguió con su trabajo sobre piedra, sin abandonar el caballete, la técnica mixta y óleo.

Es por aquella época, que comenzó a gestarse uno de los proyectos más ambiciosos y monumentales en la carrera del artista y que más tarde dio origen al impresionante monolito de 67 toneladas, ubicado en la FES Acatlán: La humanidad hoy, considerado símbolo de nuestra Facultad.

La obra concibe la posibilidad de un holocausto, provocado por una guerra atómica y el deterioro del medio ambiente. No se reduce a un trabajo de denuncia, por el contrario, cuenta con una propuesta pictórica que integra al ser humano en la naturaleza de manera armónica y que se puede apreciar en las cuatro caras que integran la pieza.

Con motivo de la restauración del monolito en 2014,nuestra Universidad editó un folleto conmemorativo que a continuación se presenta de manera digital, en él se precisan los pormenores del proyecto a través del testimonio del artista, fallecido en 2016.

 

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